domingo, 25 de octubre de 2020

El dolor del mundo, Alejandro Sarratina


Me imagino a los hombres en los hospitales,

en las enfermerias,

en las tiendas de batallas.
Me imagino el dolor:
la gangrena comiendo la carne,
los gritos, la rabia
de saberse perdidos.

Imagino las pestes, la lepra,
la viruela, el sífilis...
Veo los cuerpos apilados en la hoguera
Recuerdo el terror en sus rostros tiesos.
Escucho sus lamentos,
sus gemidos finales.
Su agonía innecesaria.

Imagino a las mujeres sollozando
en las salas de parto,
en sus quirófanos
con sus diagnósticos irreversibles.
Imagino su dolor:
sus tumores avanzando silenciosos.
La resignación, la desesperanza,
contemplando absortas a un crucifijo cualquiera.

Imagino las guerras, las matanzas,
el holocausto y la flagelación.
Veo caminos de cruces y de lápidas.
Recuerdo sus funerales
y sus medallas de guerra.
Sus morgues olvidadas,
sus nichos prolijamente apilados.
Pienso si realmente merecemos este lugar.
¿Cómo hemos sobrevivido tanto tiempo?

Veo el derrumbe de las ideologías,
revolución tras revolución,
golpe tras golpe,
batalla tras batalla.
Siempre estoy presintiendo el fin,
pero el fin es un eterno acabar sin fin.
¿Cómo aún no hemos desaparecido?

Ya sabemos que esto no terminará jamás,
la agonía de las grises ciudades,
el peso del humo sobre nuestras cabezas
no terminará jamás.
La implacable presencia de la muerte
no acabará jamás.
El dolor del mundo
no acabará jamás.

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