domingo, 29 de noviembre de 2020

Mario Trejo, dos poemas

De puño y letra 



Me doy por vencido.

La religión la mafia

la política y el fútbol

el ejército y la moda

mueven más gente que yo.


Son millones o pocos

pero totalmente decididos

al todo por el todo.

Yo sólo tengo que ver

con las pequeñas multitudes

de un cine de trasnoche

con la soledad de los jugadores

que ofician una partida de ajedrez

con la tibieza de algunas mujeres.


Leo

vuelvo a ver una vieja película

hago noche en Coltrane

y estiro el brazo y acaricio a mi bella

que fume y ahora me convida.




Labios libres


Al cabo de las tierras y los días

de horarios y partidas y llegadas

y aeropuertos comidos por la niebla

enfermo de países y kilómetros

y rápidos hoteles compartidos


Luego de esperas

prisas

y rostros y paisajes diferentes

y seres encandilados por el olvido

o abiertamente besados por la vida


Después de aquella amada

y esa otra apenas entrevista

mujeres cogidas por mi soledad

y ahogadas por las bellas catástrofes


Luego de la violencia y el deseo

de comenzarlo todo nuevamente

y los errores

y los malentendidos cotidianos

y los hábitos torrenciales del trópico

y noches acariciadas por el alcohol

y tabaco fumado con tanta incertidumbre


Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir

y de alguien que yo llamaba Irene

de cierta voz

cierta manera de clavar los ojos

al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres

y en el corazón de ciudades y pueblos

que nunca sabrán de mí


Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme

y comprender que estoy solo

pero no estoy solo

al cabo de amores corroídos

y límites violados

y de la certidumbre de que toda la vida

no es más que los escombros

de otra que debió haber sido


Al cabo del hachazo irreparable del tiempo

sólo puedo blandir estas palabras

esta obstinación de años y distancias

que se llama poesía.


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