Una declaración de principios


Me declaro un inservible, inútil para casi toda tarea humana, nulo para cualquier actividad conocida por más pequeña que esta fuera.
Sabrán ustedes que lo he intentado, ante la insistencia de la sociedad por incluirme.  
       Puestos sobre aviso, han perdido todo derecho a queja y a censura. Exijo, por lo tanto, un buen trato o un considerable alejamiento de la persona que no pueda aceptarlo, en lo posible, para siempre. Acto que beneficiará a las partes. En el caso que decida quedarse, no tendrá usted, derecho alguno a protesta sobre mi invalidez o reprensión sobre las diligencias cotidianas a  las que nos enfrentemos, deberá (repetimos) primar tratarme bien y saber reír, inclusive, de mi impericia con amor y compañerismo.  
    En caso contrario, mi persona se verá obligada a ser contestataria y despiadada, no medirá consecuencia alguna contra su vana, absurda e insensata perseverancia de intentar cambiarme. Ya que no logrará sino pequeños cambios fugaces sobrevenidos de  fuertes represalias de mi parte que le arruinarán seriamente la vida. 
    Por otro lado, dedicaré el resto de mi existencia a perfeccionar mi lado minoritario. No deseo aprender nada de lo que hasta ahora no he podido progresar y de lo que -luego de casi cuarenta años–, he demostrado escasas muestras de contenido, verbigracia: la sastrería, o como pasar un cable por el caño corrugado de una pared; no obstante,  prometo dedicarme a lo poco que he demostrado un poco de talento y de capacidad, para mejorar, constantemente, durante el resto de mi vida, y tratar de ubicarme entre los mejores del rubro. Creo, que mi elección está regida por la lógica y sensatez. Básicamente, regulada por una cuestión de tiempo y de empírica.
Advertido del caso, sabrá usted si marcharse o quedarse a mi lado cuando la necesidad o los sentimientos le convengan. Dando nota de mi inutilidad casi absoluta sobre asuntos universales, y de las consecuencias fatales de cualquier obstinación.
    Mi  persona no se responsabiliza de la peligrosidad del asunto, ni sobre la integridad del sujeto, que por mera perseverancia (o estupidez), se atreva a una mínima recriminación de su parte. 
Sin embargo, el que decida quedarse, es libre de los  beneficios a los que se arriesga, por muy pocos que estos considere mientras que también impere el buen trato y la pasión sobre los mismos. 
Sin más que decir, la empresa, mi persona, desea una buena vida a todos por igual, y mucha suerte.  

Saluda ATTE, el corazón.



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