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domingo, 2 de octubre de 2022

Servilletario IV


 
Si eliges el silencio, aceptas la quietud,

arriesgas todas las verdades.

Si eliges el silencio, te juegas la calma
y la ulterior tormenta.

Si eliges el silencio, asumirás el riesgo 
de perderlo todo con una sola palabra.

jueves, 11 de agosto de 2022

Servilletario II



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miércoles, 27 de abril de 2022

Otro poema escrito en cuarentena


Volví a la poesía

como si volviera de vacaciones

como si me las pagaran y estar ahora
despierto con el día impregnado en las cortinas
fuera parte de los premios.

Lo cierto es que no he dormido
y mañana intentaré engañar a todos
que tuve una mala noche,
que maratones de sexo virtual y de series larguísimas,
interesantísimas tramas subrepticias,
y que los mosquitos, que mi gato otra vez.

Como sé que la Verdad nunca es la mejor respuesta cuando no queremos explicar algo
voy a decir lo que dice todo el mundo,
y vas a fingir que me crees como lo hace todo el mundo que no me cree;
en tu caso, mi amor, va ser distinto, yo te voy hablar de poemas, de que leí hasta que me sorprendió la mañana, me voy a esforzar en fingir un dolor de espaldas o una llamada de esas insoportablemente anónimas,
y también vas a fingir creerme, pero por otras razones, y te vas a callar
por miedo, por temor a que uno de estos días te diga la verdad, te confiese porque no duermo
porque me duele la espalda
porque las llamadas insoportablemente anónimas,
y que tengas que contestarme que ya lo sabías,
y que no te importa, que de cualquier forma te quedás conmigo.


domingo, 25 de octubre de 2020

El dolor del mundo, Alejandro Sarratina


Me imagino a los hombres en los hospitales,

en las enfermerias,

en las tiendas de batallas.
Me imagino el dolor:
la gangrena comiendo la carne,
los gritos, la rabia
de saberse perdidos.

Imagino las pestes, la lepra,
la viruela, el sífilis...
Veo los cuerpos apilados en la hoguera
Recuerdo el terror en sus rostros tiesos.
Escucho sus lamentos,
sus gemidos finales.
Su agonía innecesaria.

Imagino a las mujeres sollozando
en las salas de parto,
en sus quirófanos
con sus diagnósticos irreversibles.
Imagino su dolor:
sus tumores avanzando silenciosos.
La resignación, la desesperanza,
contemplando absortas a un crucifijo cualquiera.

Imagino las guerras, las matanzas,
el holocausto y la flagelación.
Veo caminos de cruces y de lápidas.
Recuerdo sus funerales
y sus medallas de guerra.
Sus morgues olvidadas,
sus nichos prolijamente apilados.
Pienso si realmente merecemos este lugar.
¿Cómo hemos sobrevivido tanto tiempo?

Veo el derrumbe de las ideologías,
revolución tras revolución,
golpe tras golpe,
batalla tras batalla.
Siempre estoy presintiendo el fin,
pero el fin es un eterno acabar sin fin.
¿Cómo aún no hemos desaparecido?

Ya sabemos que esto no terminará jamás,
la agonía de las grises ciudades,
el peso del humo sobre nuestras cabezas
no terminará jamás.
La implacable presencia de la muerte
no acabará jamás.
El dolor del mundo
no acabará jamás.