Mesriré cuando haya paz
nunca en el campo de batalla
jamás el metal contra metal.
Lo hare, en todo caso, despues
de la desolacion
del gemido moribundo,
después del banquete, y los vicios extasiados
y las copas estrechándose en el aire.
Nunca atragantado, ni ebrio de triunfo o de fracaso.
Morire cuando haya paz
cuando haya enterrado a mis muertos.
Cuando el anfitrión recibe el salmo final
sobre la fosa que me espera.
Será después, nunca durante,
cuando acabe el dolor y se agote el llanto,
y se confiesen las palabras que guardamos,
no la de los frailes, nunca la voz de dios,
sino la voz de un hombre cansado.
Moriré cuando haya paz.
Nunca frente a la locura y sus repetidores incansables.
Más tarde, seguramente,
cuando acabe la pandemia y las muertes sean verdaderas.
Moriré al atardecer, avergonzado de matar
y de tanta muerte cotidiana.
Morire cuando haya paz
No será en la trinchera, nunca en la fiebre y en la tos,
o la sangre coagulada del pañuelo.
Moriré cuando los cuerpos caigan satisfechos
cuando se apaguen todas las hogueras.
Sera despues de los premios, y cumplidos los castigos
olvidados los laureles y la gloria vencida.
Moriré, y lo tendré bien merecido
cuando renuncie a las palabras
y no haya nadie que se atreva a reprocharlo.
alejandro sarratina
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