lunes, 8 de junio de 2020

Poemas escritos en cuarentena

6

Mi corazón no tiene quejas
sabe lo que le toca.
El dolor no descansa en el encierro
pide la cercanía de los cuerpos,
el bálsamo de los placeres
suplica por bocados de ternura.

Mi voz en cambio
no soporta lo callado
lleva nostalgia de otros besos,
anhela el impulso del abrazo
del roce casual en las escaleras.

Quiere abrirse como un tajo
ser sangre ciega
en el filo despiadado,
Nunca más
la serena pulcritud de los precavidos
la prudencia de los sanos,
el alivio del sobreviviente.

Este tren demorado en el salitral
este horizonte quieto,
es necesario correrse del paisaje
que las luces se vayan desfazando
a cada paso
desvelando la seguridad de los hogares.

Volver a otro sitio
tropezar con el desvío
encontrarme con las huellas olvidadas
una isla en la que debí perderme,
llegar a ese fulgor que nos espera en llamas.

Aquí no está mi sombra para culparla de todo
inventarme sus desgracias,
sostengo una lámpara en mi mano
y en la noche un chillido absurdo
de trenes vacíos,
silenciosos murmullos aguardan sus voces reveladas.

Entonces el día que me toque partir
-digo partir porque será una Odisea-,
atravesar las calles apestadas,
y las bocas cubiertas por el miedo
se miren con recelo,
y los ojos respiren apenas
pronunciando lo imprescindible
el hilo escaso que sostiene la vida,
no dejaré rastros de mi travesía.

Por eso resisto a las tormentas,
a la fiebre postergada,
a las lluvias que no pudieron tocamos,
si vamos a morir que sea afuera
que la agonía sea la que merecemos,
si vamos amar que sea una batalla
una sangrienta lucha a campo abierto,
que nuestra muerte sea justa
aunque la guerra esté perdida.


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