miércoles, 22 de enero de 2020

Nosotros no somos cobardes

de Poemas como perros con rabia


Nosotros no somos cobardes.
Los cobardes no lo intentan,
huyen mientras pueden,
antes de que se los señale. 
Los cobardes juegan a ser audaces 
y se retiran cortésmente sin aviso.
Se levantan y dicen 'Ahora vuelvo'
y no vuelven más, ni se sabe de ellos. 

Los cobardes no prometen demasiado
no se arriesgan,  no se embarran en el lodo.
Sus ropas están intactas
tienen tiempo de acicalarse, 
siempre llegan tarde a todo,
cuando la revolución ya terminó. 

Los cobardes cuando aman 
tiemblan de miedo, dicen verdades 
a medias, mienten con el silencio. 
No merecen esa suerte y lo saben 
y entonces mueren de desconsuelo.
Los cobardes miran el mundo desde
afuera, 
jamás visten la piel del condenado.

Los cobardes miran desde lejos 
y no se acercan al incendio,
no entrarán a buscar a nadie,
dirán que están todos muertos.
cediéndole la gloria a los valientes.

Los verás de uniformes y en el fondo del tumulto.
Los verás detrás de un escritorio dictando leyes que envenenan,
se esconderán detrás de Dios y sus confesionarios. 

Nosotros no somos cobardes.
Los cobardes sostienen las banderas,
tienen manos limpias de no hacer nada
y los pies pesados como piedras submarinas. 
Los cobardes no se limpian las suelas al entrar,
porque no han pisado otra cosa que el camino señalado, 
nunca se desvían y le esquivan a las puertas de los laberintos.
Los cobardes aprietan los botones y empiezan una guerra estrechándose las manos, 
mirándose a los ojos, 
rascándose la nariz.
Los verás en un búnker cien años más tarde, 
congelados sus órganos podridos, 
y en los botes 
con las mujeres y los niños. ¡Allí los verás! Ellos te contarán del naufragio
sentados con un whisky entre manos. 

Los cobardes a menudo se disfrazan de corderos, 
y alzan sus copas brindando a tu salud 
pero su arma preferida es el veneno
y el silencio que eligen al callar.

Los cobardes no entran a la historia,
asoman por tibios laureles,
el recuerdo no soporta su presencia 
sin lágrimas, sin vergüenza. 
No merecen que se los nombre nunca más. 
Y no merecen nuestro llanto.

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