miércoles, 16 de febrero de 2022

El color de una manzana


 Recuerdo exactamente el color de la manzana,

la manzana que me fue prohibida.
No hablo paraísos inventados, que me importa a mi Eva, que carajo me importa Adan
parejita de burgueses con la mesa servida
y con un plan improvisado de un Dios ausente.

Recuerdo la queja del estomago con hambre después de haber atravesado el desierto
y la sed de un pasillo enmarañado de miradas hostiles
que esperan verte claudicar para atacar como pirañas.

El dolor y su inmenso abanico de matices,
yo también, lo confieso,
he regalado pequeñas dosis de dolor
como se arroja sal sobre la carne muerta de un cerdo
sobre heridas abiertas, sobre cicatrices que arden,
quién sabe si no nos esperan con rencor detrás de la última esquina,
la cuenta del karma de los creyentes,
las rodillas lastimadas de arrepentimeinto,
golpearse el pecho, abrir las manos al cielo y afrontar la embestida del látigo,
la mordida del lobo aburguesado
la ira de dios del silogismo,
la piedra de la muchedumbre indignada con la prostituta.

Todos sabemos que el dolor verdadero es aquel que nos acerca al final,
es esta sensación de sabernos pasajeros,
de que estamos cayendo y no hay nada más que la caída.

El verdadero dolor no es el insulto, la estafa premeditada,
ni el llanto, y mucho menos la condena, social, sexual, textual.
Lo que duele son los voltios, la electricidad demoliendo músculos,
la profanación de los cuerpos,
los huesos rotos,
lo profundamente triste es caer ciegamente en el frío helado
y oscuro de un mar helado y oscuro
que se mete en los huesos,
después la muerte no es mucho, hasta podría asegurar que no es nada.

La herida son los ojos del traidor antes del disparo,
el dedo señalador, la mentira descarada de no elegir una trinchera, el cinismo de los incendiarios,
eso es una herida, sobrevivir siendo un despojo, sin rabia, sin venganza, silenciosos y cabizbajos.

La herida está porque hay cenizas,
olor a sangre, la quemadura en la piel del alma,
lo demás es discurso fútil de demagogos,
líderes aburridos frente al micrófono
enunciando doctrinas panfletarias,
gritando enfurecidos por piedad o por justicia, da igual,
después vendrá la muerte y será tarde para todo,
mientras tanto la vida es todo lo que hiciste con la herida abierta,
son las palabras que escupiste con bilis,
es el color de la manzana desangrándote el estomago,
porque recuerdo
exactamente el color de esa manzana.


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